Qué nota le ponemos a Dudamel



José Ramón García | @jrgarciac

Las expectativas sobre la participación de Venezuela en la Copa América eran poco optimistas. El último lugar del equipo en el Premundial, la herencia de un vestuario dividido de la era Sanvicente y resultados poco alentadores en los primeros encuentros de Rafael Dudamel como seleccionador nacional hacían pensar que nuevamente el equipo vinotinto sería eliminado en la fase de grupos.

Parecía que el consuelo iba a ser ganarle a Jamaica en el primer partido. “Ese es un equipo de barrio”, sentenció con desdén un colega colombiano cuando escuchó el resultado del Jamaica-Venezuela.

Y no se le puede criticar esa reacción. Contra los jamaiquinos, Venezuela pasó varios sustos en la zaga. De no haber sido por un par de atajadas providenciales de Dani Hernández, el gol de Josef Martínez no habría sido suficiente para llevarse los tres puntos.

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De ese juego hay algo clave. Venezuela fue otra. Guerra y Vizcarrondo, que fueron señalados en la era Sanvicente, lucieron en un nivel que no mostraban desde hace rato. Dani Hernández demostró que nunca debió ser excluido y Rincón… Fue el de antes, el de Genoa, el que necesita el equipo.

Esa victoria le era más que suficiente a Dudamel para ganarse el voto de confianza, pero el yaracuyano logró la parte más difícil del compromiso que asumió al tomar las funciones de Sanvicente: le devolvió la confianza a los jugadores y sobre todo el hambre de tener por qué luchar.

Venezuela salió a comerse a Uruguay. No le endosó tres como el Centenariazo (del célebre 31 de marzo de 2004) porque Otero y Peñaranda erraron goles imposibles. El triunfo 1-0 hizo justicia.

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El boleto a cuartos ya era para lanzar cohetes. Tocaba México, y con un planteamiento inteligente la Vinotinto estuvo a punto de cerrar la fase de grupos con 9 puntos, pero el físico le pasó factura en el último cuarto de hora. Eso quedó evidenciado cuando Jesús Corona se bailó a cinco venezolanos para fusilar a Hernández y marcar el 1-1 .

Hasta ahora todo muy bello. Un aplauso de pie para la Vinotinto. Dudamel y sus muchachos se reconciliaron con la gente y el estratega sembró la semilla para cosechar nuevos ídolos, como Peñaranda, Ángel, Añor y Otero.

En este cuento hay que ser abogado del diablo. ¿Qué pasa si Messi pasa de Clark Kent a Superman –o del príncipe Adam a He-man para que lo entiendan los ochentosos– como contra Panamá y anota tres, cuatro o cinco goles para eliminar a la Vinotinto? ¿Eso desmeritaría lo conseguido en la fase de grupos? Al fin y al cabo, clasificar a cuartos de final ya se ha conseguido dos veces y lo esta edición Centenario sería quedarse corto con la actuación de 2011, cuando se llegó a semifinales.

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La respuesta debe ser no. Más allá del resultado, Dudamel le está dando a la selección una identidad. Sin importar los nombres, el grupo sabe a qué juega. De golpe y porrazo está haciendo el recambio generacional y es seguro que en no mucho tiempo el equipo vuelva a estar en la lucha por clasificar a un Mundial.

Seguramente no será a Rusia 2018, pero sí a Catar; así sea con otro DT. Si hay que evaluar al actual seleccionador nacional, hay que ponerle eximido y tres caritas felices (una por cada juego de la Copa).

La misión de Dudamel pareciera no ser para dar resultados a corto plazo, sino a futuro. Por eso hay que tomar en serio lo que dijo el estadístico español Alexis Martín Tamayo cuando un seguidor en Twitter le preguntó por el rendimiento de los líderes de la nueva camada. “Peñaranda y Juanpi jugarán un Mundial. Puedes guardar este tuit”, escribió.

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