Juventud del pedalismo criollo crece en el encierro



FREDDY GONZÁLEZ – @Fre_Gonzalez

Lamentándolo mucho y como he venido reiterando artículos atrás, el pedalismo de ruta venezolano, así como todo el deporte nacional, no escapa a la grave crisis que afecta al país. Y aunque el tema que hoy vengo a exponer, considero que es uno de los más álgidos que he tocado desde el nacimiento de “Rutas y Pedales”,  también es cierto que el retraso evidente en nuestro deporte hace que sea imperativo de abordar.

Y es que desde la salida de hombres de la talla de  José Rujano, Jackson Rodríguez, Tomás Gil y Yonnathan Monsalve, quienes brillaron con luz propia, todos en sus diferentes dimensiones pero siempre dentro del calendario ciclístico europeo, más nunca volvimos a ver pedalistas portentosos fuera de las fronteras venezolanas. La razón, a nadie le interesa los ciclistas del patio. los motivos, muchos, entre los que encabezan la lista la falta de apoyo del ente público (Ministerio del Deporte), la ausencia de capacidad  por parte de la Federación de Ciclismo, y la pésima fama que ha ganado el pedalismo criollo en el extranjero

Ahora bien, entra a la palestra consecuentemente otro factor que se oye entre los vinculados a la disciplina y los medios de comunicación,  que nuestros muchachos no tienen el nivel para ir al extranjero,  causa a la que me opongo rotundamente, pues si bien es cierto no tenemos figuras en cantidad como sí las hay por ejemplo en Colombia,  de donde salen anualmente gran cantidad de elementos de talla internacional, si soy de los que piensa que pudiésemos encontrar un pequeño puñado de buenos ruteros  venezolanos para abrirse camino en el extranjero.

Hombres que menciono con nombre propio como Jhorman Flores, José Mendoza, Anderson Timoteo Paredes, Orluis Aular, Roniel Campos,  Fernando Briceño, Gabriel Mendoza, Carlos Molina, y el mismo campeón de la última Vuelta al Táchira Jonathan Salinas,  entre algunos otros que se me puedan escapar,  son corredores con edades comprendidas entre 22 y 26 años,  todos físicamente en plenitud, probados en el  calapedismo criollo, con nivel y hambre de sobra para figurar en otras latitudes, que debido a todo este abandono generalizado de deporte que tenemos,  ven como sus carreras transcurren sin poder llegar al profesionalismo, y por el contrario,  se ven obligados apenas disputar entre ellos y repartirse los indignantes lauros que entrega el calendario nacional.

Luego de todo lo que esgrimo, seguramente retumba en la cabeza de ustedes el nombre de una persona que quizá pudiese fungir como clave para el éxodo de los ruteros criollos, y claro está,  pensamos en el italiano Gianni Savio, afamado descubridor de estrellas latinoamericanas, y  quien tras sacar a Europa a corredores como “Rujano, Sierra y Rodríguez” decidió no volver a  inclinarse por dar oportunidad a nuestros jóvenes en sus grupos de trabajo,  todo esto motivado a una deuda de patrocinio que guardó por varios años el gobierno venezolano a través del Mindeporte con su equipo Androni.

Lamentable la verdad lo sucedido con el señor Savio, sin embargo, no concibo que la única salida para todo este problema pueda ser el experimentado técnico italiano, creo firmemente que en base a un trabajo mancomunado y estrategias, que evidentemente no se están haciendo,  se pudiese encontrar una solución.

Por el momento, no consigo el cierre indicado para despedir por hoy este tema, no tengo en mis manos el poder para llevar a los ciclistas criollos a Europa, y a los que lo tienen no les interesa ni trabajan para ello, pero lo que sí quiero dejar por sentado, es que desde esta tribuna, deploro el hecho de que el talento de nuestros portentosos corredores esté preso en este país, sin poder deslumbrar en latitudes foráneas, en la que tanto ellos, como sus familias y  toda su fanaticada,  quisiéramos que estuviesen.

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